viernes, 15 de junio de 2012

De Polonia a Albacete pasando por un final

Seguimos volando. Las plumas de estas alas vuelven a sentir el viento acariciándolas y el horizonte se otea desde mi posición tan inmenso como siempre pese a que el infinito tiene los límites vetados, al menos hasta la semana que viene.

Resulta que este fin de semana que empiezo será el último que pase completo en Praga, en la ciudad partida en dos por el Moldava, en la capital de la región de Bohemia. Y empiezan a golpear las paredes de mi cabeza los recuerdos de todo un año, pidiendo clemencia, implorando por volver a ser protagonistas de una de mis aventuras, rezando para que su vuelo particular tenga una prórroga. Pero no hay razón ni motivo que cambie el devenir de otras alas, en este caso, las del avión que me deportará de nuevo a casa. Y quién sabe si la capital del país de las tijeras tendrá que acogerme unos meses antes de lo previsto.

Brais, Kela, Antonio, Laura, Jorge e Isaías
De cualquier modo, simplemente quería volver a dar señales de vida y mostraros muy levemente el caramelo que he estado degustando las pasadas dos semanas. He recorrido los cuatro puntos cardinales de Polonia y me he traído historias que nunca podré olvidar, quizá por alegres o surrealistas o absurdas o muy afortunadas o tensas o hermosas... quién sabe. Pero ya os iré desgranando las anécdotas y no tan anécdotas de un viaje que ha sembrado algo, no sé el qué, para mucho tiempo.

Tampoco olvidaré que fue en Cracovia donde vi o, mejor dicho, escuché, caer al Albacete Balompié en los Play Off de ascenso a Segunda contra el Cádiz. Estaba en la cocina de una amiga polaca y tuve aguantando mis alaridos a mis compañeros de tren y pisadas hasta que pasó lo que pasó. En fin, como escribí hace poco que había escuchado por ahí, tanto las alegrías como las penas, lejos de casa, se sufren una barbaridad. Y así hubiera pasado de no ser por estos caminantes, que me hicieron olvidar por un rato el asunto.

Nos vamos leyendo a lo largo de la semana, espero traer cosas que contaros y que eternizar en este pequeño espacio, cuya labor no es pequeña para mi. ¡Reír mucho!

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